Compañeros y compañeras:
Compañeros y compañeras:
Fecha Sentencia : 14 de diciembre de 2010.
Tribunal : Primera Sala del TSA.
Accionantes : Movimiento Cívico Toy Jarto y compartes.
Accionados : Senado y Cámara de Diputados de R.D., y Procuraduría General Administrativa.
Objeto demanda : Consignación del 4% del PBI en el presupuesto nacional del año 2011.

La educación como derecho y obligación estatal.[1]
Por Ernesto Guzmán Alberto.[2]
A diferencia de tiempos atrás, en la actualidad podemos identificar problemas con gran precisión e intentar aplicar las soluciones más efectivas. Esto gracias a los avances que hemos experimentado en las ciencias y las tecnologías, herramientas a nuestra disposición para lograr el bienestar de la humanidad o para catapultarla; fin este último, un tanto perverso pero posible. En nuestros días, es incontrovertible que la educación es un factor trascendental no sólo de movilidad social, sino también para el desarrollo social, cultural y económico de las naciones.
La educación es uno del conjunto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, también conocidos como de segunda generación. Aunque el nombre parece complicar su existencia, son derechos humanos de igual jerarquía e importancia que los demás derechos fundamentales. El derecho a la educación tiene un carácter prestacional, pues la obligación estatal comprende erogar fondos públicos para el establecimiento y operación de un sistema educativo nacional de acceso universal; es decir, que entraña una prestación estatal. Leer completo.
Esta democracia y estas elecciones tienen problemas.
Resaltan grandes secuelas de ilegitimidad en este proceso electoral. Solamente un fanático políticamente parcializado podría decir lo contrario. Dice el estadounidense Adam Blackwell, Jefe de
No haría correcto uso de la razón al discutir tal aseveración, pues en verdad todo sistema es perfectible y las denuncias formarían parte de la hermenéutica electoral en una democracia. Esto se complica atendiendo a la gravedad de las denuncias, así como la incidencia de esas alegadas faltas en el proceso de elecciones, y ni hablar de las repercusiones en el sistema.
Aún me resuena lo dicho por el Mag. Roberto Rosario de que
Así como el Ministerio Público de oficio realiza sometimientos, por igual debe hacerlo un órgano del sistema “de oficio”. No creo que la inexistencia de la figura del “Fiscal Electoral” sea excusa válida, pues
En la entrevista realiza al Mag. Julio César Castaños Guzmán, realizada en la más reciente edición del boletín Communis Opinio[3], señaló que “En Venezuela, durante el proceso, pude observar que el día de las elecciones hay un trabajo conjunto en el que están envueltos: una Secretaria de Derechos Humanos,
Y de ese modo tenemos la desfachatez de plantear que en Venezuela hay una “dictadura”, cuando en los últimos tres comicios electorales de ese país no se ha desacatado la decisión de su órgano electoral, ni les ha restado legitimidad al proceso. Esto resulta demasiado paradójico. Lo que me imagino es que con la falta de independencia e imparcialidad de las que sí goza el Ministerio Público en Venezuela, aquí no darían curso a las denuncias; instrumentarán mal los casos o desistirán de las persecuciones contra el partido oficial; aquel al cual pertenece el Jefe del Ministerio Público desde el año 1979.
Los pronunciamientos de Jueces de
En el supraindicado boletín, también se destacan algunas cuestionantes planteadas por
Sigue la experta internacional preguntando: “b) ¿Las instituciones electorales,
Y finalmente os pregunta la doctora de Salamanca: “c) ¿El acceso de comunicación a los candidatos está regulado y es equitativo para todos, o hay unos que tienen más dinero y, por ende, más posibilidades de comprar más espacios en los medios de comunicación? Si se da el primer caso y todos tienen la misma oportunidad de acceso, entonces decimos: ¡fantástico, eso es bueno para la democracia!, pero si se da el segundo, entonces estos candidatos tendrían más posibilidades de exponerse ante la opinión pública, lo cual entonces nos debería preocupar, ya que las elecciones serían inequitativas.” Y añadiría yo que son inequitativas desde lo más básico, ósea los montos que hay que invertir para lograr competir, sin contar las cuotas que se deben pagar para ser inscrito como candidato a lo interno de cada partido. La inequidad en los medios de comunicación fue más notoria esta última semana de campaña, especialmente el viernes 14 de mayo con la impresionante cadena de radio y televisión del partido oficialista. Solamente en la segunda capital dominicana, indica una fuente, se llegó “a la barbaridad de contratar los cinco canales que hay en Santiago y el 98 por ciento de las emisoras, para su campaña política.”[5]
Diría que el éxito administrativo de estas elecciones es predecible; asimismo avanzamos con los grandes pasos que se han dado en materia contenciosa con la recién ocurrida urdimbre de impugnaciones y amparos electorales. Si desde el extranjero observamos los elementos que sagazmente nos plantea
[1] Diario Libre. “
[2] Hoy Digital. Qué se dice: Leonel y su circunstancia. [En línea]. Disponible en: http://www.hoy.com.do/opiniones/2010/5/12/325475/Que-se-dice [15.05.2010].
[3] Boletín Communis Opinio. Entrevista Internacional a
[4] Diario Libre. “JCE afirma no es posible hacer fraude.” [En línea]. Disponible en: http://www.diariolibre.com/noticias_det.php?id=244437 [15.05.2010].
[5] Z101Digital. PLD copa medios, programa cadena en todo el país. [En línea]. Diponible en: http://z101fm.com/index.php?option=com_content&view=article&id=15189:pld-copa-medios-de-comunicacion-programa-cadenas-en-todo-el-pais&catid=56:partidos&Itemid=173 [15.05.2010].
Ilicitudes en el sistema electoral. Esta última década el sistema electoral dominicano ha avanzado bastante. Permaneció truncado por más de un siglo al estar anclado en el muelle de las mañoserías y artimañas políticas de la clase criolla. Hemos llegado a un nivel en el que los fraudes no tienen la repugnancia de aquellos tiempos; no significando que estas ilicitudes del sistema se han esfumado, las cuales, indiscutiblemente, inciden directamente en el curso del proceso, lacerándolo y alterándolo.
No ha ocurrido más que un proceso de evolución de estas fullerías. Ya no se estilan apagones durante el conteo de votos, sin embargo, no hemos superado el comerciar cédulas; el desvío de fondos públicos para proselitismo, ya sea mediante nominillas, barrilito, el uso de los vehículos, equipos y personal del Estado; ejecución intensiva de planes sociales de
Todas estas estratagemas son efectuadas con la complicidad de todos los estratos sociales de esta media isla. Los avances obtenidos en la organización de las elecciones y su modernización, se ven arropados por la impunidad que reciben estos atentados a la democracia. La no persecución y sanción de estas ilicitudes echan a la borda valiosos esfuerzos de los operadores del sistema electoral. Mientras no sean castigadas estas infracciones electorales, la inmoralidad política tan asqueante que hoy en día vivimos derrumbará esta “democracia” y el Estado seguirá “imponiéndose” en las elecciones.
Absolutismo de la expresión Los derechos fundamentales resultan esenciales en el Estado constitucional y democrático de derecho, en donde la libertad de expresión juega un rol protagónico. Hay quienes asimilan este derecho a la acepción más absoluta de libertad. Sin embargo, comete gran error quien así lo concibe, pues al igual que los demás derechos no es absoluto y tiene sus límites.
El orden público, las buenas costumbres, el derecho al honor y la intimidad de los demás, son ejemplos de limitantes al ejercicio del derecho a la libertad de expresar ideas y opiniones. Objetivamente, tampoco primaría como el más fundamental frente a otros de igual categoría.
Es por esto que poco importa se tengan “pruebas” de las más fehacientes sobre la inclinación sexual o de las desviaciones sexuales de alguien, ya que es meramente su vida personal e íntima. Más ilícito aún resulta el emplear referidas pruebas con “animus nocendi” en detrimento de aquéllos.
Muchos ignoran que la justicia no ampara el ejercicio abusivo de derechos. Para su mala suerte, hasta ahora nuestros Tribunales están contestes con el principio de que “nadie puede prevalecerse de su propia falta para alegar en justicia”, algo que indiscutiblemente le resta a la defensa de cualquier perico.

El fondo de la obra “Trujillo, mi padre” parece ser del todo controvertible: elementos falaces y aparentemente con vicios substanciales. Pero no es el objeto de esta columna analizar los hechos relatados, sino plantear el contrasentido de quienes intentan y aún proponen censurar obras de este tipo. Hasta qué punto se justifica que voces que proclaman un Estado Social y Democrático de Derecho, intenten coartar la libertad que tenemos de conocer tesis contrapuestas, así como el derecho de sus creadores a difundirlas y plantearlas libremente. En nuestra isla, la prohibición de circulación de obras son prácticas que datan desde la colonización, cuando




