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El Estado se vuelve a imponer.


No creo que esté en discusión la notable desigualdad de condiciones en que se desarrolló la recién pasada campaña electoral, ni la real incapacidad de conceptualizar de ciertos candidatos, tampoco lo acertado de las encuestas, ni el gasto desmedido del partido oficialista en promoción y publicidad, así como también el uso irracional de todas las herramientas e instrumentos a disposición del Ejecutivo.

A muchos le aplicaron su propia medicina, a otros los ignoraron, y a vengano lo pisotearon. Ahora queda la realización de un agudo y profundo análisis que determine los grandes cambios a realizar a lo interno de nuestro sistema democrático, nuestros partidos, la doctrina política, y otras vertientes de la actividad política nacional.

Debemos reglamentar en materia electoral, para evitar los excesos de campaña, debemos permitir el relevo político en las dirigencias de nuestros partidos, debemos recapitular sobre la institucionalización de órganos estatales, igualmente debemos frenar la corrupción, iniciando un frente de crítica objetiva constante, que no sea realizada cada cuatro años con fines proselitistas, sino que el pueblo perciba que tiene su vocero.

Todas estas inconformidades conducen a justificar la abstención del 29% de la población hábil para ejercer el sufragio activo. Si lastimaron severamente a uno de los suyos como lo fué Danilo Medina, era de esperarse como ultrajarían a un enemigo político.

Lo que queda claro es la capacidad política del Dr. Leonel Antonio Fernández Reyna, cualidad que merece toda mi admiración y respeto. Todo el proceso electoral fué friamente calculado por el Ejecutivo, sabían muy bien, que sin Nominillas, sin subsidios excesivos, sin compra de dirigentes opositores, y sin alianzas hasta con el Diablo, no ganarían en primera vuelta, pero estratégicamente lo hicieron, y les salió bien, por eso considero que los méritos políticos le sobran a Leonel Fernández, pero no es que le salió muy bien ni excelente, ya que el trabajo realizado fué para obtener algún 60 y pico porciento, no ganar en primera vuelta rozando con el límite inferior.

Muy aburrido es levantarse sabiendo que no habrá algún cambio, que no habrá novedad, que los muebles del Palacio Nacional permanecerán estáticos durante cuatro años más, preparándome para continuar escuchando el discurso “Progresista” de nuestro Presidente Constitucional, aunque siendo puñaleado por la espalda y sangrando por la herida. No nos queda de otra que esperar cuatro años para contemplar la posibilidad de que se pueda proponer cambio alguno, si nuestro señor Presidente lo permite, no reformando el artículo 49 de nuestra Carta Sustantiva para provecho personal; de lo contrario también hay esperar la bomba que transpasaría al gobierno posterior.

 

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