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LA ERRÓNEA ARTICULACIÓN DE LA POLÍTICA COMO CAUSANTE DEL ESTANCAMIENTO EN EL DESARROLLO HUMANO DE LA R.D.
Basado en el informe de Desarrollo Humano 2008 del PNUD

Poco más de un siglo y medio hemos vivido como nación legítimamente constituida y reconocida internacionalmente, evidenciando grandes estancamientos en diferentes aspectos humanos y sociales. Nuestra organización socio-política ha presentado diversas fallas, impidiendo nuestro desarrollo como país, restándonos competitividad, y manteniéndonos rezagados con el paso de las décadas. Hemos visto la concretización en realidades algunas predicciones hechas por Marx, Durkheim y Engels, hemos visto aflorar nuevas teorías, pero que de poco nos han servido tanto las nuevas como las viejas para enfrentar los problemas de la nación dominicana.

No cabe la menor duda de que las estructuras de poder no han generado desarrollo humano, lo que nos conduce a considerar que nuestros sistemas político, social y económico no han satisfecho nuestras necesidades, han sido ineficaces, no han llevado a cabo sus cometidos, y han formado parte del elenco de la obra titulada estancamiento. Una de las características claves de nuestro estado, es que cada grupo de poder mueve sus influencias políticas en detrimento de uno u otro interés colectivo, criterio este último que generalmente se impone.

En una sociedad paternalista y con aguda ceguera como la nuestra, donde predomina el clientelismo, el gran desafío de la sociedad dominicana es la equidad; esto a pesar de que el medio para alcanzarla es mediante el derecho, ciencia actualmente radicalizada en una crisis producto de las contradicciones de la sociedad capitalista. El derecho es un instrumento de legitimación de la clase dominante, que en los “Estados sociales y democráticos de derecho” se presencia glaceado de normatividad y del “interés general”, latentemente respondiendo a los intereses más poderosos. La democracia está capturada por prácticas clientelistas que en nada favorecen al desarrollo humano.

Ciertamente la descentralización del poder, como método de redistribución del mismo, constituye una manera de canalizar la participación de la sociedad en asuntos de estado, aportando entre el pueblo, ideas y propuestas para el pueblo. No obstante, la descentralización sin capacidades, sin empoderamiento ni participación social, reproduce clientelismo y el caciquismo, un hecho axiomático e incontrovertible.

El desbalance territorial se manifiesta en la calidad de los servicios sociales, asimismo la desigualdad regional es evidente. No puede haber desarrollo de una nación, impulsando discriminatoriamente las regiones, problema que nos lleva a “reposicionar” la ruralidad en la agenda nacional, desmontando la concepción de lo moderno y civilizatorio es lo “urbano”. Lo rural tiene su peso, y lo urbano por igual, son elementos diferentes que preservan singularidades particulares respectivamente, e influyen en sociedades en vías de desarrollo como la nuestra.

No se puede olvidar el campo, ni provocar el desplazamiento de su importancia por otro sector no tradicional, que es lo que ha intentado hacer de manera descarada el gobierno de turno. Las diferencias interprovinciales de cobertura en educación son mayores que en calidad, a pesar de que es de conocimiento público y general que la educación es la madre del progreso.

Las ciudades crecen en forma desordenada, sin planificación, sin deslindes, en forma segmentada, sin servicios públicos, peligrosas e incómodas. Esto debido a que padecemos de un proyecto o planeación a plazo, o padecemos de intención de ejecución de dicho plan. La nueva Ley de municipios es una oportunidad, abre las puertas a la participación ciudadana, una convergencia entre los distintas partes interesadas en la solución de los problemas del pueblo, un real ejercicio democrático.

Una gran causa de la falta de equidad y transparencia es que el estado dominicano no sabe cuánto gasta en las provincias del país. Una práctica irracional únicamente, explicaría las razones por las cuales las condiciones de vida en las provincias turísticas están por debajo de la media nacional, siendo el turismo nuestra principal fuente de ingresos.

En República Dominicana, el acceso a los servicios depende del poder que se tiene y de la zona en donde se vive, lo que indica desproporcionalidad y desigualdad de oportunidades, en necesidades que el estado debe o facilitar los medios para suplirlas, o facilitar medios a la empresa privada, para que ésta la puedan satisfacer mediante la teoría del libre mercado.

El gasto público es el principal instrumento para crear equidad y acceso a las oportunidades en el territorio nacional, pero ha de ser un gasto público racional, medido por la transparencia, siguiendo un programa de desarrollo a plazo, un programa de nación con las prioridades del pueblo, no las ilusiones personales de nuestros gobernantes.

En la mayoría de los casos, detrás de una decisión del poder político, yace el fantasma de la corrupción. Es por ello que conservamos un estilo de crecimiento económico y de ordenamiento institucional que crea riquezas reproduciendo miseria, no por otra cosa distinta a la corruptela.
No han faltado las propuestas sobre cuáles son las medidas que nos favorecerían y que nos sacarían de este estancamiento, este atolladero social, político y jurídico, tampoco presupuestos, ni la creación de nuevos escalafones en la burocracia local, lo único que ha faltado hasta nuestros días, es la voluntad política, el compromiso con el pueblo y la correcta articulación de la Política.

Articular correctamente la política, consiste no solo en auspiciar el marco de legalidad, sino también en actuar en base a criterios, a una visión de nación, fomentando le respeto a los intereses de la cosa pública, respaldando las buenas iniciativas sociales, fortaleciendo la solidez de la instituciones públicas y del sistema democrático en general.

El inexistente control de nuestro espacio aéreo, marítimo y de tierra, así como la carencia de medios y procedimientos que faciliten los servicios burocráticos, el ineficiente servicio público brindado por el estado, la falta de dominio e incapacidad de autodeterminación del estado, carencia de mecanismos de transparencia gubernamental y garantías judiciales, indican que realmente somos un estado FALLIDO, no al mismo nivel que Haití, pero sí lo somos.

Este informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo impregnan en nuestra mente, que el Desarrollo Humano es una cuestión de poder, que en el caso dominicano, por el momento no reside en el pueblo, tal y como la misma constitución lo establece, sino que reside en las manos de la clase gobernante y los poderes económicos de la nación.

 

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