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La Sensibilidad Humana
en la campaña presidencial de los Estados Unidos.

Han transcurrido algunos 18 meses de campaña política interna en los EE.UU., forjando las aspiraciones presidenciales de muchos, que ha concluido con las nominaciones a la administración central de dos notables figuras políticas, dos senadores, dos polos que presentan trayectorias y logros discrepantes, pero que en sus respectivos discursos confluyen a puntos estratégicos, uno de los cuales se ha convertido en eje central y cardinal de la campaña; este punto es la sensibilidad humana que ambos pretenden mercadear. De parte del Poder Político estadounidense, enaltecer este aspecto resultaría muy extraño para una nación que evidencia prácticas sumamente radicales a su interior y en muchos casos arbitrarias hacia el exterior. Una sociedad compleja, caracterizada por su conservadurismo y demás tendencias tradicionalistas.

Es el caso de una nación beligerante cuya arma política interna, factor motorizador de la campaña que incide directamente en la decisión electoral, no es la guerra ni su armamento en sentido estricto, sino que conociendo la psiquis humana, se exhalta y enarbola la sensibilidad humana, constituyendo el proceso humanizador de la política. Este proceso es apreciable en las francas historias personales y familiares de los candidatos, narrativas que no solo muestran verdades del gigante Americano, sino que también dan un impulso motivacional a aquellas tendencias populares que se identifican con cada una de sus historias.

Hemos escuchado a Barack Obama hablar de su propia historia: "La breve unión de un joven de Kenia y una joven mujer de Kansas que no les iba muy bien las cosas ni eran muy conocidos, pero que compartían la creencia de que en América, su hijo podía alcanzar lo que se propusiese en su cabeza". (...) "en las caras de esos veteranos jóvenes que regresan de Irak y Afganistán, veo a mi abuelo... marchó en las filas del ejército de Patton y fue premiado... con la oportunidad de ingresar en la universidad mediante Acta para los veteranos". (...) "en la cara del estudiante joven que duerme sólo tres horas antes de entrar en el turno de noche, pienso en mi mamá, quien sóla, nos crió a mi hermana y a mí mientras trabajaba y estudiaba para un título...". (...) "cuando oigo a una mujer que habla de las dificultades de abrir un negocio propio, pienso en mi abuela, quien progresó trabajando, desde el grupo de secretarias hasta ser supervisora... ella aplazó la compra de un nuevo automóvil o un nuevo vestido para que yo pudiera tener una vida mejor".

La historia del Senador Obama es muy similar a la de cualquier familia latinoamericana, y en especial la de aquellos que emigran a los Estados Unidos de América en busca de un futuro mejor. La del del Senador MacCain, no menos emotiva, se asemeja más a la de un héroe de la Liga de la Justicia, a las historietas del tradicional "fiel defensor de la patria americana", con la atenuante que la de John Sidney McCain III no es una historieta, sino que es verídica. Es notable que este último tipo de historias está más alineada con los intereses e indiosincrasia norteamericana, donde la guerra y la defensa nacional, la permanencia como primera potencia mundial y demás, son el modus vivendi de aquel pueblo amigo; constituyen los pilares fundamentales de lo que Obama denomina "Sociedad de Propietarios".

La gran historia heróica de McCain inicia poco más tarde que la de su contendor: "cuando tenía cinco años, un automóvil frente a nuestra casa. Un oficial de la Marina bajó la ventanilla y le gritó a mi padre que los japoneses habían bombardeado Pearl Harbor. Apenas volví a ver a mi padre en los siguientes cuatro años. Mi abuelo volvió a casa de esa misma guerra extenuado por todas las penurias que había tenido que soportar, y murió al día siguiente. (...) En vietnam donde forjé las amistades más estrechas de mi vida, algunos de esos amigos nunca volvieron a casa conmigo. (...) en una mañana de octubre en el Golfo de Tokín, me preparaba para mi vigésimotercera salida sobre Vietnam del Norte. No tenía ninguna preocupación de que no volvería sano y salvo. (...) Entonces me encontraba cayendo hacia el centro de un laguito en la ciudad de Hanoi, con dos brazos rotos, una pierna rota y una turba enojada esperando para recibirme. Fui depositado en una celda oscura y dejado para morir allí".

En esto consiste la sensibilidad humana que se transmite con cada oración como las supracitadas, el fin que se persigue y el objetivo mercadológico que concretiza. No podemos condenar el empleo de tales vivencias en procesos como éste, son idóneas para los procesos democráticos, y más cuando son prueba de la pericia de los postulados. Mientras Obama expresa respeto y gratitud a McCain por haber vestido con valor y distinción el uniforme estadounidense, este último manifiesta su respeto y admiración al primero por su proeza. Mientras Barack Hussein Obama dice "reconozco que no soy el candidato más convenciaonal para este cargo. No encajo en el pedigrí típico, y no me he pasado mi vida profesional en los pasillos de Washington"; MacCain dice "Sé como funcionan las fuerzas armadas, qué pueden hacer, qué pueden hacer mejor, y qué no deben hacer. Sé como funciona el mundo. Conozco el bien y el mal que contiene. Sé cómo colaborar con los líderes que comparten nuestros sueños de un mundo más libre, más seguro y más próspero, y cómo enfrentarme a aquellos que no lo hacen. Sé como asegurar la paz".

No es muy razonable la determinación del voto por meros enunciados sentimentalistas, pero queda en manos de los ciudadanos norteamericanos acoplar a sus requerimiento el candidato ideal, con el miramiento de su realidad contemporánea como nación y los grandes retos que enfrentan, lo que sí debemos determinar es el alcance que tiene la humanización de los procesos políticos como este, la sensibilidad humana y su incidencia en el electorado, pero especialmente aquel electorado de los Estados Unidos de América caracterizado por sus posturas radicales, aveces drásticas y secas, así como también con la clara autocaracterización que hizo MacCain de que "los americanos somos ambiciosos por naturaleza".

 

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