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PaPaH tenía razón.

Recuerdo aquel 13 de mayo del año 2003, cuando se anunció un discurso por cadena radial y televisiva que daría el Gobernador del Banco Central. Un mensaje masivo cuyo tema era desconocido, y mas aún, una locución proveniente de un personaje que rara vez o nunca, hacía ponencias al pueblo dominicano desde la casa de gobierno.

Interesante era el tema, pero incomprensible para las masas. Consistió posiblemente en la denuncia pública más costosa y con más repercusiones en la historia de la República Dominicana. Lois Malkún se atrevió, fue un acto de responsabilidad y honradez informar al pueblo dominicano, lo que tres gobiernos –que inclusive el suyo hasta el momento– no habían dado a conocer, evidentemente no por encubrimiento ni impunidad, sino por efectividad de los artilugios informáticos y contables de Baninter, que logró por 14 años evadir las técnicas de control y supervisión de reconocidos organismos nacionales e internacionales.

En la actualidad, cinco años después, ver a George Bush y su gobierno auspiciar el rescate de los bancos colapsados, estatizar algunos, y los salvatajes bancarios en general, resulta muy interesante para determinar mediante analogía lo atinado de la decisión de rescate masivo que en 2003 ejecutó el gobierno de turno. Esta decisión por sus constantes y fuertes críticas, degeneró en una serie de especulaciones, que para algunos cerebros concretizó un golpe de estado económico y financiero al gobierno de Mejía.

Bearn Sterns, Lehman Brothers, Merril Lynch, Fannie Mae, Freddie Mac, IndyMac Bank, y otras entidades bancarias y financieras estadounidenses, son evidencias del derrumbe del sistema en EE.UU, cada una con su historia en particular, entre ellas entidades salvadas y otras estatizadas. Esto a pesar de que por otro lado, varias “lumbreras económicas” y numerólogos de la parte oriental de isla La Española, argumentaban tenazmente sobre la crisis del 2003, que el gobierno nunca debió asumir el rescate de todos los ahorristas de los bancos quebrados; pero entonces los colonos del norte del continente americano están haciendo lo contrario, ¿Están equivocados? ¿Les falta capacidad para el manejo correcto de la crisis que muchos “expertos” dominicanos sí saben manejar?

Gracias a las falsedades e infamias vertidas en campaña, todavía el pueblo dominicano tiene grandes desconciertos sobre lo acontecido en el 2003. Nuestra politiquería ha ocasionado que prevalezcan las masas ignorantes, que como cotorras o bocinas, entonan lo que los políticos han querido a su modo transmitir. Más penoso es escuchar a la juventud dominicana en proceso de formación, haciéndose eco de las incoherencias y falsedades que favorecen coyunturalmente a sus líderes políticos.

Esto no es asunto de conceptualizar con ideas vacías para agradar a un sector determinado de la sociedad, o para sacar provecho político a las calamidades de nuestra nación. Frente a nosotros tenemos casos con características similares, también tenemos los informes del BM, BID, FMI, PNUD, del gobierno de los Estados Unidos, la CEPAL, y muchos más, que desglosan claramente que las acciones ejercidas por el gobierno de Hipólito Mejía, no fue un antojo ni un capricho, sino que fueron las soluciones planteadas por las distintas instituciones internacionales.

Cinco años después, luego de tantos informes, auditorias y Sentencias Judiciales, se ha comprobado que PaPaH tenía razón, esa razón le costó la segunda etapa de su mandato y la reelección. También por los sofismas maliciosos, el manejo inadecuado y doloso de la información por parte de grupos de poder, al igual que Sócrates y Galileo, obtuvo condena de gran parte de la sociedad, aunque a diferencia de las dos supracitadas figuras históricas, nuestra ingrata sociedad no le ha reconocido PaPaH haber tenido la razón.
Ernesto Guzmán Alberto.

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DE LA JUSTICIA PLATÓNICA AL ESTADO PERFECTO.

No caben dudas de que para Platón la Justicia es un equilibrio de hecho y de derecho que se traduce en un Estado Perfecto. Sociedades como la nuestra pregonan constantemente una Justicia que ha de considerarse utópica, no por el sentido ni el fondo de la misma, sino por la ineficacia y vulnerabilidad de los inacertados medios planteados para lograrla. Mientras Platón postula la necesidad de preparar al ciudadano ideal desde su fase inicial hasta la última, nuestra sociedad favorece un libertinaje pleno con un abanico infinito de opciones, que hace sucumbir en desconciertos eternos, injusticias e infuncionalidades. Somos testigos de que el Poder de gobernar puede recaer en las manos menos adecuadas, individuos que no pueden gobernarse ni a sí mismos, así como otros que no están capacitados para ello; otros que vienen dotados desde su origen con innumerables vicios inmutables, hasta muchos otros instruidos en el arte de seducir con discursos artificiosos al pueblo y a los jueces (Glaucón), empleando su elocuencia para compensar sus “indelicadezas”, lo que constituye a fin de cuentas una maldición.

Algunos infieren que la teoría de la especialización lacera el derecho a la autodeterminación humana, o en sentido más amplio la libertad, eje y pilar de un estado democrático; ahora bien, Platón no intenta insertar el principio de especialización en una sociedad democrática, solo desde otras formas de gobiernos y como miembro de sociedades como tales, se puede considerar ilegítima la ejecución de dicho principio; pues sería instalarle a un abanico el motor de un automóvil. Puede considerarse utópica la concreción del Estado Perfecto, pero gradualmente podemos irnos acercando a él; como seres imperfectos tendremos productos imperfectos, pero cada vez más en su mínima expresión. La formación planificada y estricta de generaciones futuras, reduciría enormemente las posibilidades de incongruencias en la organización socio-política, y más cuando se consideran las aptitudes naturales de los individuos.

Se cuestionaría que con prudencia, valor y templanza no obtendríamos justicia, y se consideraría que son meros enunciados sentimentales estas virtudes, pero no es así, son practicables, son tangibles y son reales, aunque no asumiríamos estas virtudes por el simple hecho de hacer una maestría en Francia, ni por estudiar en la PUCMM, sino por la sumisión paulatina desde la infancia al orden moral. Así pues estos valores vendrían adheridos al ciudadano, se vendría estudiando a cada quien individualmente, y se vendría encajando en la función para la cual más funcional sería en la sociedad; para los escépticos: encajaría porque su naturaleza y dotes naturales así lo predisponen. Con estos valores se constituye la Justicia, y en consecuencia se instaura la armonía y salud en las almas de la ciudad perfecta.

Quien dice que la justicia es más útil que la injusticia, yerra al decirlo; quien piensa que la Justicia no es lo más provechoso al más fuerte, también se equivoca, y quien no considere que el gran mérito de la injusticia es parecer justa sin serla, no vive en este planeta. Absurdo sería pensar que todo permanecerá igual, mientras cada día vemos las injusticias e irracionalidades del statu quo, lo que honraría a Sócrates cuando dijo: “Para la mayoría de las personas…, es difícil concebir que la felicidad pública y privada no pueda alcanzarse en una ciudad diferente a la nuestra” (Sócrates). Asumiríamos por defecto la realidad, tendríamos una conformidad hipócrita o una inconformidad silente, pero esto no debe ocurrir, por ello debemos ir configurando nuestras fuerzas y programando nuestra visión para hacer efectivos los cambios que la sociedad requiere.

Ernesto Guzmán Alberto.

 

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