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Entre mendigos, parqueadores y buscones.
Transitar por las calles de la ciudad primada de América es toda una travesía, aquella ciudad donde habitan muchos genuinos descendientes de los aventureros presidiarios españoles que acompañaron a Colón en la travesía, a parte de uno u otro descendiente del mestizaje con las Siboneyes, Ciguayas, o las Nitaínas. Indiscriminadamente, como peatón o como conductor nos encontramos con situaciones del todo funestas y estresantes. Estos hechos no son más que legajos de la cotidianidad quisqueyana.

Un limpiabotas que ofrece sus servicios… un limpia-vidrios que impone sus servicios… un buscón que estafa con sus servicios… una prostituta que sonsaca con sus servicios…. un mendigo que ruega por alguito… y un tiguerón que vive del “cuido”. Todo esto constituye lo que Chucho PRATS denomina “El Paisaje de la República Dominicana”. Resta citar al frutero, al canillita y al heladero para comprender mejor el engranaje que opera; ni hablar de los motoristas de la muerte, ni de los pilotos de los coetes públicos.

En su reacción inmediata, no hay personajes más similares a las prostitutas que los buscones y parqueadores, en quienes han predominado los genes dominantes de los Caribes. Son una especie plaga que nos arropan desde el intento de asomo a su auto-atribuida demarcación. Es difícil de comprender la razón de la “obligación pecuniaria” que se contrae al parquearse, de manera particular, en las inmediaciones de cualquier institución estatal, bajo la consideración de que todavía existen las áreas públicas, áreas comunes, abiertas a todos, que son mantenidas por nosotros mismos.

Para la “redistribución informal de capital”, esto es, el dinero distribuido entre limpiavidrios, mendigos, limpiabotas, parqueadores y tinguerones, debemos realizar una tabla matemática para determinar el presupuesto de estos gastos corrientes. La ecuación es directamente proporcional a los lugares donde se acuda, e inversamente proporcional a la cantidad de lugares y tiempo que se dure en ellos. Son un sector de la economía exento de medidas impositivas, un baúl en el que sólo se echa sin restituir lo mínimo a la ciudad; fondos que podríamos recaudar para pagar a los 250 diputados que se espera lleguemos a tener dentro de poco tiempo.

Ernesto Guzmán Alberto

 

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