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Las draconianas tesituras de Niccolò.

La doctrina política elemental no prescinde de Maquiavelo, pues como icono de las ideas políticas, supo plasmar sus concepciones y tesituras de manera insoslayable en trozos de papel. El Príncipe, más que un humilde regalo, evidencia el valor de las ideas, las vivencias y el conocimiento empírico de los legajos del oficio. También demuestra la proporcionalidad e incidencia de la planificación, la proyección y el análisis a priori de las decisiones y acciones en aras de instaurar o mantener una hegemonía política. Consideradas por muchos como teorías draconianas e irreverentes, sin lugar a dudas no son más que ideas clave para el éxito político, que con poco más o menos sustancia pueden ser revertidas, aunque se debe considerar su adecuación pragmática a nuestros tiempos.

Suficiente hemos escuchado el adagio popular que reza “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, más sin embargo, como si Maquiavelo fuera su autor, emplea con mucho sazón la técnica analógica, practicándola con las historias de aquellas antiguas civilizaciones para trazar sus asertos. Es una buena manera de instruir y sugerir, las ejemplificaciones, analogías, deducciones, en materia política enlazadas a personajes y estados; pues indudablemente puede que no haya mejor medicina preventiva o curativa, que la del que ha salido ileso de una enfermedad similar, claro está, bajo las mismas condiciones de hecho. Axiomática resulta la aseveración Hobbeliana de que “el hombre es un lobo para el hombre”, pues su competencia lo son sus pares, acompañados del egoísmo y las vicisitudes de la intradistancia humana, mientras que el cometido de Niccolò bajo la afirmación de Hobbes, es realizar sugestiones de lugar a fines de que otro lobo no sea de nuestro peligro.

Juzgar como draconianas las tesituras que alumbran el camino del poder, sería un hecho incontrovertible que no admite demoras en su planteamiento. Medir lo atinado de ciertas previsiones, o las acertadas medidas tampoco. Si la severidad está presente en las relaciones sociales, las soluciones a las crisis de dichas relaciones deben ser severas y contundentes, esto para que no sean simples parches capaces de recaer en desperfectos. Extrapolándolo a la realidad socio-política, consiste en reconocer y curar a tiempo, observando cuestiones tales como que “a los hombres se les mima o se le aplasta”. La avaricia y ambición son cualidades mesurables de la naturaleza del hombre, que engendran actitudes contrapuestas, que para éxito del uno requieren válidas estratagemas, convalidadas por las excusables, espléndidas y sustanciales proposiciones vertidas en esta solemne obra.

El Príncipe, para mantener su vigencia ha de ocultar sus debilidades y subsanar las irregularidades, pasando en estas circunstancias de ser una hipocresía a convertirse en una virtud. Si de una manera u otra nos percatamos de la realidad humana, notamos la heterogeneidad social, siendo las diferencias esenciales entre los hombres la diversidad de criterios personales que denotan regular subjetividad. En consecuencia, no queda otra solución que presentar el abanico de opciones que nos pone a disposición Maquiavelo, para así lograr el equilibrio del principado, lo que se denomina “gobernabilidad”. Al plantearnos un objetivo, debemos emplear todos medios posibles para lograrlo, pero como hemos dicho en párrafos anteriores, deben adaptarse los enunciados Maquiavélicos a nuestros tiempos, ya que nuestros márgenes y delimitaciones contemporáneas están bordeadas de legitimidad y licitud, pues es el orden social imperante.

Ernesto Guzmán Alberto

 

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