|

La generación del cambio (III).

En esta ocasión considero prudente continuar con la serie de artículos titulados “La Generación del Cambio”, pues resulta atinado en la apertura de un nuevo año hacer un breve, simple y humilde análisis introspectivo a algunos aspectos de nuestra generación. Aquella generación fluorescente, que poco a poco se va desencausando, desperdiciando sus energías en cuestiones banales y otras un tanto anormales. Como siempre, ante toda regla hay excepciones, y es de rigor aislar a un sector importante de esta juventud revolucionaria que merece toda clase de distinción.

El poder.
Esto no es cuestión de desestimar, ni de mucho menos avergonzar, no son más que simples percepciones sensitivas. Camaradas ¿vale la pena obtener el poder por tan solo ostentarlo? nuestra generación ha denotado grandes ansias de poder, que excepcionalmente tiene como fin último realizar los cambios que realmente requerimos. Lo que sí es una finalidad es el ánimo protagónico, donde muchos de los que venden la idea de cambio solo quieren cambiar su status de desconocido parcial a conocido total. En este ámbito, la moral está subordinada al poder. Aunque debemos estar claros de que esto nos lo han inculcado las generaciones precedentes, nos han hecho ver que para todo lo que tiene y no tiene precio está el poder, pero no debe ser lineamiento nuestro. Mejor podemos delimitar que la generalidad persigue un bienestar individual, que un bienestar común. Entendamos que el poder no hace al hombre, sino el hombre al poder.

Las mentiras.
Somos una generación muy vulnerable a las falacias, los sofismas y a las mentiras goebbelianas, con esplendor un chisme mueve más mares que un problema social. Por ello nuestros gobernantes, mediante discursos artificiosos, huecos y vacíos continuarán colmando nuestros sentidos, cuando ya es tiempo de reaccionar ante tales ofensas a la inteligencia del pueblo. Todavía no se constata que la dignidad y la moral son derechos inherentes a la persona; se juega constantemente en todas esferas a destruir honras y reputaciones, desconociendo que no ofende quien quiere, sino quien puede. Juventud; presumamos la buena fe hasta prueba en contrario, constatemos directa y personalmente las acusaciones que ante nosotros realizan contra terceros. Detrás de cada calumnia hay un interés malicioso.

La política.
La política debe dejar de ser un simple medio de acceso al poder, pues es más que eso. No podemos seguir pensando que en ella encontraremos nuestro éxito personal. El fanatismo político encabeza nuestra generación, pocos condenan las malas acciones y ejecutorias, pero muchos las justifican, conceptualizando la más mínima inmoralidad. Esto indica que el sistema actual imperará por muchos años más, inclusive con nuestra generación en el poder, al menos que la excepción se haga regla y viceversa, o que sea por medio de la fuerza. Para hacer el cambio necesitamos mentes políticas cultas, no politiqueras amañadas por el sistema imperante. La desmoralización nos carcome, y esto debemos desvirtuarlo.

El dinero.
El dinero debe dejar de ser el elemento esencial, motorizador de nuestras acciones. Más que motivación o incentivo, debe ser un recurso necesario para lo necesario, no un recurso para lo necesario, lo innecesario y lo vano. Cuando lo necesario está satisfecho, queda el compromiso social, con el compatriota, con el hermano, con el hombre del bien, con la sociedad; donde si eres ingeniero y hay mil familias sin hogares –satisfecha tu necesidad- trabajas para esas mil casas que la nación necesita más allá que obtener grandes beneficios pecuniarios por ellas, sino por el bien de la colectividad que tarde o temprano lo retribuye.

El cambio.
Aspiremos a efectivamente a ser la generación del cambio, dejemos de desencausarnos, no nos engañemos a nosotros mismos, la Juventud dominicana con los principios y valores tangibles que adornan todo ser del bienestar, arraigados en nuestros corazones, que sean inmutables e innegociables. Tenemos el compromiso por destino, de ser entes factores de cambio, y por nuestra calidad de estudiantes universitarios, comprendemos mejor los fenómenos sociales, por lo que es aún más profundo el compromiso; que fue lo que en otras palabras dijera el presidente Allende.

La era está pariendo un corazón,no puede más, se muere de dolory hay que acudir corriendopues se cae el porvenir…
[del gran trovador cubano]


Ernesto Guzmán Alberto.

 

©2009 Ernesto Guzmán Alberto | Template Blue by TNB