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El derrotero del Pueblo Dominicano. De vez en cuando reflexionamos sobre el proceder del pueblo dominicano, cada vez que constatamos las ominosas acciones de nuestros compueblanos. En ocasiones afirmamos que estamos en una jungla, cuyos habitantes son evidentes seres vivos, pero no todos de la especie humana. También nos preguntamos si esta situación será eterna, si se vislumbra algún cambio, o hacia donde nos dirigimos.

Las masas del pueblo se vuelven inmanejables. Difícilmente se guía una nación por los senderos del desarrollo con espíritu tan rebelde y renuente a los cambios. La anarquía es nuestra insignia, que no demuestra más que nuestra condición de país en vías de desarrollo, donde aseguro permaneceremos por siempre, aunque luego se cambie el título a esta clasificación. Aquí las leyes no son el problema, sino la actitud de la gente.

Juan Bosch afirmaba que en el caso de los EE. UU., sus “demostraciones de una indudable solidez institucional que contrastaba con la situación caótica de nuestros pueblos…. no se debían a las virtudes ciudadanas de los norteamericanos, sino al sistema socio-económico en que se formaron las colonias inglesas de América del Norte”. Así pues los Estados Unidos nacieron virgen, integrando no solo a colonos ingleses que huían de su realidad socio-económica, sino también a inmigraciones provenientes de otros destinos, hecho que constituyó un verdadero ejemplo de convergencia de ideas y pluralidad de culturas, que juntas encaminan al “sueño americano”.

El común denominador de todos era su firme creencia en el cambio, el ideal de una sociedad que para ellos era más justa y llevaba al terreno de lo real sus sueños. En nuestro caso, no seguimos un modelo ideal, ni nacimos concibiendo un objetivo propio. Fuimos violados desde que éramos un feto de Estado, y así lo fueron nuestros más remotos antecesores, quienes por su natural inocencia fueron explotados por los despiadados colonizadores que de descubrieron el paraíso.

Urge formular los objetivos de la nación dominicana, encaminarnos por el derrotero del desarrollo, con miras a la estabilidad y al verdadero progreso; que como fin último nos traerá la felicidad humana. Del planteamiento de Bosch se puede inferir que nuestro sistema socio-económico nos ha impedido salir a flote. Si continuamos sin tener claras cuestiones elementales como nuestro rumbo, objetivos y nuestra visión, continuaremos estacados hasta el fin del mundo.

 

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