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Cantarle a los Narcos.

“Me dicen, mami, que esta noche tu estas al garete dale, papi, que estoy suelta como gabete!
te andan cazando el Buster y los mozalbetes
que se tiren, que estoy suelta como gabete!
“Dale Don dale”/ Don Omar.

Así honraba Don Omar el patrocinio brindado por Ángel Ayala Vásquez, alias Ángelo Millones, a quien ciertos reguetoneros entonaban en sus líricas con varios pseudónimos, entre los que se encuentran “Buster”, “Boster” y “Papa Upa”. La adulación no solo provenía de Don Omar, sino también de “Tempo”, el desintegrado dúo “Héctor y Tito”, de “El Father”, y uno que otro beneficiario directo o indirecto del gran negocio prohibido de nuestros tiempos.

El “Buster”, recién apresado en Puerto Rico, era capo de una de las redes de narcotráfico más poderosas del país vecino, cuyo éxito comercial comprendía la distribución casi exclusiva de éstas sustancias en al menos cinco estados de los Estados Unidos de América. Sin embargo, cuando se es distribuidor, no solo basta con tener un público leal ni tan solo confiar en la versatilidad y efectividad del distribuidor, sino que se debe tener una buena fuente que supla un producto de calidad.

Aquí entra el personaje principal de nuestra novela navideña 2010, que nos ha mantenido muy entretenidos durante estas pascuas. José Figueroa Agosto desde República Dominicana era el suplidor de Ángelo Millones, manteniendo viva la red que ha logrado impulsar muchos sectores, dentro de los que está la música de la “juventud”, el sector de la producción discográfica del reggaetón.

Parece unánime la inclinación de los narcotraficantes por la música. Recordamos que producto de las investigaciones del caso Figueroa Agosto, también fueron detenidos en el país los empresarios artísticos Luis Matos Mendoza y Kelvin Enrique Fernández Flaquer, a quienes la Fiscalía acusa de lavado de activos provenientes de esta red, lo que hasta acarreó la suspensión de un concierto con un artista internacional también boricua, el cual sería realizado iniciando el 2010.

De México se esperaría más; artistas contratados por los carteles para sus fiestas privadas; quienes conocen de la dudosa proveniencia del dinero que cobrarán. Hace semanas el cantante Ramón Ayala fue detenido por tocar en la fiesta de un cartel, encontrado en el acto al momento de realizarse el allanamiento.

La ostentación que personifican estos personajes artísticos, quienes deleitan a gran parte de nuestra juventud, hace cuestionar de primer plano estas manifestaciones exteriorizadas; y no digamos del lenguaje, de las líricas, ni de los mensajes subliminales. Puede ser que para algunos de ellos, cantarle al narco sea su religión, lo que podría convertirse en una práctica muy concurrida cuando las drogas terminen siendo legalizadas. El “blinblineo” no solo significa lujo, riquezas y ostentación, sino que es la forma más grosera con que puede ponerse en relieve a los ojos de todo el mundo la actividad del lavado de activos provenientes del narcotráfico.

“Pocos tienen el conocimiento
De lo que es la música
Y nosotros hemos sobrepasado los límites
Buster, esta es tu canción
Cógela, papi”.
“Más fama y dinero” / Tempo.

 

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