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Ilicitudes en el sistema electoral. Esta última década el sistema electoral dominicano ha avanzado bastante. Permaneció truncado por más de un siglo al estar anclado en el muelle de las mañoserías y artimañas políticas de la clase criolla. Hemos llegado a un nivel en el que los fraudes no tienen la repugnancia de aquellos tiempos; no significando que estas ilicitudes del sistema se han esfumado, las cuales, indiscutiblemente, inciden directamente en el curso del proceso, lacerándolo y alterándolo.

No ha ocurrido más que un proceso de evolución de estas fullerías. Ya no se estilan apagones durante el conteo de votos, sin embargo, no hemos superado el comerciar cédulas; el desvío de fondos públicos para proselitismo, ya sea mediante nominillas, barrilito, el uso de los vehículos, equipos y personal del Estado; ejecución intensiva de planes sociales de la Presidencia, de obras públicas; etc.

Todas estas estratagemas son efectuadas con la complicidad de todos los estratos sociales de esta media isla. Los avances obtenidos en la organización de las elecciones y su modernización, se ven arropados por la impunidad que reciben estos atentados a la democracia. La no persecución y sanción de estas ilicitudes echan a la borda valiosos esfuerzos de los operadores del sistema electoral. Mientras no sean castigadas estas infracciones electorales, la inmoralidad política tan asqueante que hoy en día vivimos derrumbará esta “democracia” y el Estado seguirá “imponiéndose” en las elecciones.

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