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Historia Patria y la Libertad de Expresión.

El fondo de la obra “Trujillo, mi padre” parece ser del todo controvertible: elementos falaces y aparentemente con vicios substanciales. Pero no es el objeto de esta columna analizar los hechos relatados, sino plantear el contrasentido de quienes intentan y aún proponen censurar obras de este tipo. Hasta qué punto se justifica que voces que proclaman un Estado Social y Democrático de Derecho, intenten coartar la libertad que tenemos de conocer tesis contrapuestas, así como el derecho de sus creadores a difundirlas y plantearlas libremente. En nuestra isla, la prohibición de circulación de obras son prácticas que datan desde la colonización, cuando la Iglesia Católica pretendía tener control absoluto de la “verdad”. ¿Y aún en el siglo XXI haremos algo similar? Compatriotas, no se puede censurar a priori la libertad de expresión, salvo las excepciones y límites que establecen la normativa nacional e internacional vigentes. Si la obra no es más que un irrespeto y una ofensa al pueblo dominicano, se delatará por sí sola... si lesiona derechos ajenos, se ejercerán acciones ulteriores, tal y como este derecho fundamental indica. El medio para descalificar la obra es en base a datos históricos contundentes, como los hay en demasía; pero no empleemos con esos fines un discurso incoherente entre la Historia Patria y la Libertad de Expresión.

 

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